Tropología
El foco desnudo lo encandila apenas deja de interponer la radiografía. Lo llamaron por ser el único Especialista capaz de arriesgar un diagnóstico: la mayúscula se la ganó en un instituto no muy reconocido, pero para él no hay diferencia. La bata blanca es suya, y con eso le alcanza para saberse auténtico, legítimo. Abajo usa un traje.
—Señora, debería ver al paciente, pero creo que aquí tenemos un caso típico y tratable de metáfora. De libro.
Las palabras mágicas que estaba esperando. Los doctores aseguran que no hay nada que hacer, que hay demasiados órganos comprometidos y que es mejor dejar todo como está, pero para ella no tiene sentido. Sabe que su esposo es mucho más fuerte que ese cuchillo que le dejaron clavado en la espalda. En un mismo movimiento, agradece a ese hombre perfumado y separa los callos de las chancletas para abrirle la puerta del enfermo. Con lágrimas en los ojos le dice que pase, que por favor pase, que el que busca está ahí adentro y que está segura que por él va a hacer una excepción a su siesta.
La única ventana del cuarto está tapada por una cortina pesadísima, saturada de polvo, y la luz entra pero intenta escapar. El calor es insoportable, pero es al olor al que realmente lleva tiempo acostumbrarse. Y el viejo ahí, tirado en la cama de plaza y media, de costado. Un cuchillo oxidado sobresale apenas debajo de su omóplato derecho, incrustado; lo acompañan un tinte morado, venoso, y las secreciones correspondientes, algunas secas, algunas no tanto. Su Especialista admira el arma: es de esos regalos ejecutivos, decorativos, fabricado para adornar alguna pared blanca y nunca esa espalda raquítica.
—Lindo mango, ¿eh? No debe haber dos iguales… plata de buena calidad.
La señora lo mira desde atrás arrugando un repasador de su misma edad, y el paciente sufre despierto con una serie de resoplidos incómodos. A ninguno le queda fuerzas para hablar. Él se siente como en su casa. Toca entre las costillas de su cliente, hace como que entiende el espéculo, e intenta medir la presión sin media pizca de éxito. El estetoscopio helado le da el toque final. Actúa bien, y entona mejor:
—Perfecto, creo que con eso es suficiente. Lamento haberle interrumpido la siesta, pero ya puedo confirmarle el diagnóstico: metáfora con agravante físico.
Se especializa en biotropos retóricos: sea sinécdoque, sea metonimia, sea metáfora, por un precio, puede identificarlos. Toda su carrera se basa en entender el mensaje oculto, la clave, ese sentido distinto al evidente que guarda cada afección. Es el único, y el mejor.
—La posición del cuchillo es bastante elocuente. Se encuentra entre la cuarta y quinta costilla, y el ángulo de entrada indica un golpe a traición, ¿no es cierto?
El viejo apenas si puede asentir desde su almohada.
—Típico, típica metáfora. Pero tiene suerte, permítame decirle, todavía estamos a tiempo. Su dolor es más simbólico que físico, y por lo tanto muy tratable. ¿No me regala una sonrisa? Vamos, que a las metáforas hay que ganarles con la actitud.
Y con eso se acuerda del reloj. Todavía le quedan otros cinco tropos en el mismo barrio, y aunque los viejos le caigan bien no puede distraerse demasiado. En su próximo destino lo espera un muchacho que apenas si puede sentarse por el dolor de su muñeca izquierda, que asegura tener quebrada. Tiene que empezar, y sin mucha pompa.
Normalmente, el tratamiento no es muy complejo: unas palabras de aliento certeras, unas palmadas en la espalda y un poco de azúcar para levantar el ánimo. Esta vez es imposible, pero procede igual, estrenando dos guantes de látex que consiguió en rebaja. Aplica un hisopo lleno de alcohol para ablandar la herida, y una mirada para que distraigan a su cliente mientras saca de un tirón el cuchillo. Lo limpia en la sábana y lo guarda en su bolso. Habla recién cuando los gritos se apagan y la sangre disminuye por la presión de la gasa.
—Bueno, ¡perfecto! Sólo tiene que tomar estas gotas una vez por día. Puede diluirlas para que no sean tan dulces… con eso y un poco de energía positiva alcanza. Ah: cheque está bien.
Y la señora corre a buscar una birome.