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	<title>Comments on: Bufónicos</title>
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		<title>By: Esther</title>
		<link>http://www.intentosliterarios.com.ar/bufonicos/comment-page-1#comment-42</link>
		<dc:creator>Esther</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 02 Apr 2008 14:27:00 +0000</pubDate>
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		<description>No trabajan de payasos. Son payasos. Pero no meramente porque sientan que su destino, su mundo, su vida, es trabajar de payasos: lo son las veinticuatro horas de cada día, todos los días, ellos y todo el resto de la sociedad. &lt;br/&gt;Detalles  escalofriantes: &lt;br/&gt;”—Demasiado que dejo que te despintes el bigote. A mi la nariz de goma me hace sangrar la de verdad, ¿y me ves quejarme, acaso?”&lt;br/&gt;Digo escalofriantes, porque esas personas están disfrazadas de payasos todo el día, de día y de noche. La nariz de la madre sangra por la nariz de goma que tiene. Al niño ¡oh, concesión!, se le permite despintarse el bigote. Viven así, en un simil de carpa de circo, calzando enormes zapatones y con la cara blanca de pintura... &lt;br/&gt;No, lo escalofriante no es eso.  Porque uno podría decirse ¿y qué que anden vestidos así? Acordate de los miriñaques y todo eso... Pero los miriñaques y todo eso (de otras épocas o actuales) son modas que devienen de otras modas, y que se entrelazan con la forma de vivir de una sociedad, pero se entrelazan, nada más, no constituyen la vida de esa sociedad.  También uno podría decirse: ¿y qué? Imaginemos una sociedad que se desarrolla en una galaxia lejana, muy lejana... bien podría ser que allí se les ocurra... Pero tampoco, porque estos bufónicos salieron de la tradición cirquense, vienen de aquí, de nuestros circos. Es más, lucharon durante generaciones para conquistar la forma de vida bufónica. Lo escalofriante es pensar que desde una sociedad como la actual se desarrolle una sociedad bufónica, que transforme un oficio para divertir en una forma de vida, y que crea tanto en esa forma de vida, que sus integrantes se arriesguen a perder la suya propia en una larga revolución de siglos. &lt;br/&gt;&lt;br/&gt;La madre lo dice con claridad:&lt;br/&gt;“Es una ideología, un conjunto de ideas que ordena el mundo de esta familia, y el de las demás. Es todo lo que somos todos. “&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Un absurdo de tal naturaleza, llevado a toda una sociedad y sostenido durante generaciones, me produce pavura. &lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Y están los oficinistas. ¿Quiénes son  los oficinistas? ¿Qué crímenes cometieron? No se sabe, pero son convictos, y su castigo es ser oficinistas. Dos cosas: una, trabajan en la Oficina Central de la Nación. La otra:&lt;br/&gt;“impuestos, diplomacia, producción, turismo y cientos de otras funciones burocráticas. “&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Pues... a mí me suena a que allí se maneja el verdadero poder de la sociedad. Por las manos de los oficinistas pasa la economía, por ejemplo. Quizás ellos sean meros burócratas, pero no quienes les dictan qué trabajo tienen que hacer, qué columna de datos llenar, los que deciden qué papeleo sacar... Y me pregunto, entonces... ¿qué estoy viendo?  ¿Una sociedad de bufones, tirándose eternamente tortas los unos a los otros, creídos de que han conquistado la perfección al conquistar el derecho a tirarse tortas los unos a los otros, descansando en la tranquila tranquilidad de que eso es la forma de vida que quieren y necesitan?  Un grueso cristal polarizado separa... ¿qué separa? ¿Payasos y oficinistas, todos bufones de reyes que están en algún lado?&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;El niño intuye. Él sabe que algo está fallando terriblemente en su vida. Con la lógica impecable de los niños, piensa en que el dinero cada vez es más poco, se cuestiona la inutilidad absurda de divertir a un público que no existe... él quiere escapar a la vitrina, a lo que reconoce como un escaparate inútil. No tiene opciones, empero: si no es payaso, será oficinista. Sueña con eso: en convertirse en uno de ellos. La visita a la Oficina lo emociona, y se emociona aún más cuando los ve: ¡limpios, cara lavada! Lo símbolos de la forma de vida bufónica no existen, allí en esa sala poblada de oficinistas.  Es lo que él quiere, es feliz por unos momentos, pensando que su sueño está al alcance de la mano.&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Pero no. Porque la utopía no vive del otro lado del vidrio. El niño sabe, definitivamente, que tiene que optar por vivir en una cárcel o en la otra, salvo que encuentre una forma de escapar. &lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Nota al pie de página: este modelo social me hace pensar en... A ver si logro explicarme. Hay una burocracia, la de los oficinistas. Pero la sociedad bufónica es también una burocracia: sus integrantes se definen a sí mismos como la expresión de la inutilidad: ellos son payasos que se dedican a hacer actos de payasos  para divertir... pero sin público a quien divertir.  Forke, aquí está el nudo: es una sociedad que existe para la inutilidad, que ha glorificado la inutilidad.&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Mmm... supongo que en algún momento sembrarán y cosecharán y tejerán y demases... alguien también tiene que hacer todo eso, y deben ser ellos, los payasos... pero no es lo que les importa: producir no les importa. &lt;br/&gt;&lt;br/&gt;¡Uau!   Aplausos y más aplausos, compañero. &lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Siempre me digo: más que esto, no podrá dar... pero siempre hay un borde más alejado por el cual caminás. &lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Otra vez, aplausos.&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Pero prosigamos.  El cuento es Agustín, su percepción del mundo en el que vive y lo que imagina/comprueba es ese otro mundo, el de los oficinistas. La madre está en primer plano casi durante todo el cuento, incluso cuando no dialoga con el chico ( tropieza con ella, por ejemplo;  la madre le pregunta por sus aspiraciones laborales).  En el “casi” está la guía en primer plano. Ambas, la madre y la guía, son las dos figuras que hacen de contrapeso a la inquietud del niño. Pero su relación con él obviamente es distinta, y eso se nota en la estructura del texto: al inicio y al final, cuando está la madre, el texto se vuelve más conmovedor, más personal en las necesidades, ilusiones o desilusiones del niño, más tierno; en el medio, cuando está la guía, el niño se sorprende ante lo que ve, pero sus sentimientos no van mucho más allá de eso, de la sorpresa, la excitación por lo que ve.  Mmm... pues me gusta, te diré.&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Me gustó mucho la primera oración.  ¿Qué es la suya? ¿A qué se refiere? Si la duda no se hubiera despejado en la siguiente oración, posiblemente me hubiera fastidiado mucho. Pero el caso es que enseguida supe qué era eso de “la suya”...  Mmm... es una forma sutil de dialogar con el lector.  Sutil. Por eso me gusta. &lt;br/&gt;&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;En realidad, no sé cómo explicar esto que diré ahora, pero de alguna forma me parece que aparecen algunas líneas claramente forkianas, pero con una estructura interna todavía más pensada que lo habitual en Forke (lo cual ya es decir mucho), cada palabra, cada coma... Por ejemplo:&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;“Le besa la mejilla y aprovecha para limpiarle restos de chocolatada; su padre, arriba en la cucheta, exprime cada segundo de la tradición, y vuelve a hacerlo al día siguiente.”&lt;br/&gt;“exprime cada segundo de la tradición” es excelente.  Pero todavía lo es más el “vuelve”. Confieso que inicialmente pensé: no, debería ser “volverá”.  Luego me dí cuenta: ¡sobre ese “vuelve” descansa el cambio de un día para otro! Hasta ese momento, se está en, digamos, “el primer día”. La oración siguiente, ya estamos en el día siguiente.  ¡Uau! Buenísimo, buenísimo.&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Dos líneas excelentes:&lt;br/&gt;“Se apoya en el vidrio, ayudándose con sus manos para ver con claridad” ¿Qué tienen que ver las manos? ¡Oh! Sí, luego me dí cuenta... la imagen irrumpió en la mente, así de golpe y porrazo. Bien, bien... describir sin describir. &lt;br/&gt;&lt;br/&gt;“De repente, la pantalla deja de iluminarle la cara.”  Bien, bien. Lo importante, en el contexto en la que está la línea, es la cara de él. La pantalla pudo apagarse, simplemente. Pero no, utilizaste el que se apagara para centrar el foco de atención del lector en la cara del oficinista.&lt;br/&gt;&lt;br/&gt; Esos detalles forkianos... sin dudas, el mejor de todos: los sifones y las tortas. Los payasos: se tiran tortas entre ellos, se mojan con la soda de los sifones... número habitual de circo. ¡Claro que el padre vende sifones! ¡Claro que siempre se necesitan tortas! Artículos de consumo diario, en una sociedad bufónica...  Me pregunto, así al pasar, ¿cómo se te ocurren estas ideas, compañero? No, no es necesario que contestes... es una pregunta retórica, claro está.&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Otro sí: el primer párrafo marca la sociedad bufónica al describir “la casa” donde viven; y  de lo que habla es de payasos pobres, de circo pobre, ése que recorre pueblito tras pueblito. &lt;br/&gt;El último, la marca a esta sociedad en dos detalles que pueden parecer nimios, pero no lo son: los cordones de los zapatones, y la pintura corrida en la cara. Hay una profunda tristeza, una profunda derrota, en esos zapatones con cordones a anudar y en la pintura corrida por las lágrimas, en la cara de un niño.&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;En síntesis: aplausos, y de pie.&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Y un abrazo, claro está&lt;br/&gt;Esther</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>No trabajan de payasos. Son payasos. Pero no meramente porque sientan que su destino, su mundo, su vida, es trabajar de payasos: lo son las veinticuatro horas de cada día, todos los días, ellos y todo el resto de la sociedad. <br />Detalles  escalofriantes: <br />”—Demasiado que dejo que te despintes el bigote. A mi la nariz de goma me hace sangrar la de verdad, ¿y me ves quejarme, acaso?”<br />Digo escalofriantes, porque esas personas están disfrazadas de payasos todo el día, de día y de noche. La nariz de la madre sangra por la nariz de goma que tiene. Al niño ¡oh, concesión!, se le permite despintarse el bigote. Viven así, en un simil de carpa de circo, calzando enormes zapatones y con la cara blanca de pintura&#8230; <br />No, lo escalofriante no es eso.  Porque uno podría decirse ¿y qué que anden vestidos así? Acordate de los miriñaques y todo eso&#8230; Pero los miriñaques y todo eso (de otras épocas o actuales) son modas que devienen de otras modas, y que se entrelazan con la forma de vivir de una sociedad, pero se entrelazan, nada más, no constituyen la vida de esa sociedad.  También uno podría decirse: ¿y qué? Imaginemos una sociedad que se desarrolla en una galaxia lejana, muy lejana&#8230; bien podría ser que allí se les ocurra&#8230; Pero tampoco, porque estos bufónicos salieron de la tradición cirquense, vienen de aquí, de nuestros circos. Es más, lucharon durante generaciones para conquistar la forma de vida bufónica. Lo escalofriante es pensar que desde una sociedad como la actual se desarrolle una sociedad bufónica, que transforme un oficio para divertir en una forma de vida, y que crea tanto en esa forma de vida, que sus integrantes se arriesguen a perder la suya propia en una larga revolución de siglos. </p>
<p>La madre lo dice con claridad:<br />“Es una ideología, un conjunto de ideas que ordena el mundo de esta familia, y el de las demás. Es todo lo que somos todos. “</p>
<p>Un absurdo de tal naturaleza, llevado a toda una sociedad y sostenido durante generaciones, me produce pavura. </p>
<p>Y están los oficinistas. ¿Quiénes son  los oficinistas? ¿Qué crímenes cometieron? No se sabe, pero son convictos, y su castigo es ser oficinistas. Dos cosas: una, trabajan en la Oficina Central de la Nación. La otra:<br />“impuestos, diplomacia, producción, turismo y cientos de otras funciones burocráticas. “</p>
<p>Pues&#8230; a mí me suena a que allí se maneja el verdadero poder de la sociedad. Por las manos de los oficinistas pasa la economía, por ejemplo. Quizás ellos sean meros burócratas, pero no quienes les dictan qué trabajo tienen que hacer, qué columna de datos llenar, los que deciden qué papeleo sacar&#8230; Y me pregunto, entonces&#8230; ¿qué estoy viendo?  ¿Una sociedad de bufones, tirándose eternamente tortas los unos a los otros, creídos de que han conquistado la perfección al conquistar el derecho a tirarse tortas los unos a los otros, descansando en la tranquila tranquilidad de que eso es la forma de vida que quieren y necesitan?  Un grueso cristal polarizado separa&#8230; ¿qué separa? ¿Payasos y oficinistas, todos bufones de reyes que están en algún lado?</p>
<p>El niño intuye. Él sabe que algo está fallando terriblemente en su vida. Con la lógica impecable de los niños, piensa en que el dinero cada vez es más poco, se cuestiona la inutilidad absurda de divertir a un público que no existe&#8230; él quiere escapar a la vitrina, a lo que reconoce como un escaparate inútil. No tiene opciones, empero: si no es payaso, será oficinista. Sueña con eso: en convertirse en uno de ellos. La visita a la Oficina lo emociona, y se emociona aún más cuando los ve: ¡limpios, cara lavada! Lo símbolos de la forma de vida bufónica no existen, allí en esa sala poblada de oficinistas.  Es lo que él quiere, es feliz por unos momentos, pensando que su sueño está al alcance de la mano.</p>
<p>Pero no. Porque la utopía no vive del otro lado del vidrio. El niño sabe, definitivamente, que tiene que optar por vivir en una cárcel o en la otra, salvo que encuentre una forma de escapar. </p>
<p>Nota al pie de página: este modelo social me hace pensar en&#8230; A ver si logro explicarme. Hay una burocracia, la de los oficinistas. Pero la sociedad bufónica es también una burocracia: sus integrantes se definen a sí mismos como la expresión de la inutilidad: ellos son payasos que se dedican a hacer actos de payasos  para divertir&#8230; pero sin público a quien divertir.  Forke, aquí está el nudo: es una sociedad que existe para la inutilidad, que ha glorificado la inutilidad.</p>
<p>Mmm&#8230; supongo que en algún momento sembrarán y cosecharán y tejerán y demases&#8230; alguien también tiene que hacer todo eso, y deben ser ellos, los payasos&#8230; pero no es lo que les importa: producir no les importa. </p>
<p>¡Uau!   Aplausos y más aplausos, compañero. </p>
<p>Siempre me digo: más que esto, no podrá dar&#8230; pero siempre hay un borde más alejado por el cual caminás. </p>
<p>Otra vez, aplausos.</p>
<p>Pero prosigamos.  El cuento es Agustín, su percepción del mundo en el que vive y lo que imagina/comprueba es ese otro mundo, el de los oficinistas. La madre está en primer plano casi durante todo el cuento, incluso cuando no dialoga con el chico ( tropieza con ella, por ejemplo;  la madre le pregunta por sus aspiraciones laborales).  En el “casi” está la guía en primer plano. Ambas, la madre y la guía, son las dos figuras que hacen de contrapeso a la inquietud del niño. Pero su relación con él obviamente es distinta, y eso se nota en la estructura del texto: al inicio y al final, cuando está la madre, el texto se vuelve más conmovedor, más personal en las necesidades, ilusiones o desilusiones del niño, más tierno; en el medio, cuando está la guía, el niño se sorprende ante lo que ve, pero sus sentimientos no van mucho más allá de eso, de la sorpresa, la excitación por lo que ve.  Mmm&#8230; pues me gusta, te diré.</p>
<p>Me gustó mucho la primera oración.  ¿Qué es la suya? ¿A qué se refiere? Si la duda no se hubiera despejado en la siguiente oración, posiblemente me hubiera fastidiado mucho. Pero el caso es que enseguida supe qué era eso de “la suya”&#8230;  Mmm&#8230; es una forma sutil de dialogar con el lector.  Sutil. Por eso me gusta. </p>
<p>En realidad, no sé cómo explicar esto que diré ahora, pero de alguna forma me parece que aparecen algunas líneas claramente forkianas, pero con una estructura interna todavía más pensada que lo habitual en Forke (lo cual ya es decir mucho), cada palabra, cada coma&#8230; Por ejemplo:</p>
<p>“Le besa la mejilla y aprovecha para limpiarle restos de chocolatada; su padre, arriba en la cucheta, exprime cada segundo de la tradición, y vuelve a hacerlo al día siguiente.”<br />“exprime cada segundo de la tradición” es excelente.  Pero todavía lo es más el “vuelve”. Confieso que inicialmente pensé: no, debería ser “volverá”.  Luego me dí cuenta: ¡sobre ese “vuelve” descansa el cambio de un día para otro! Hasta ese momento, se está en, digamos, “el primer día”. La oración siguiente, ya estamos en el día siguiente.  ¡Uau! Buenísimo, buenísimo.</p>
<p>Dos líneas excelentes:<br />“Se apoya en el vidrio, ayudándose con sus manos para ver con claridad” ¿Qué tienen que ver las manos? ¡Oh! Sí, luego me dí cuenta&#8230; la imagen irrumpió en la mente, así de golpe y porrazo. Bien, bien&#8230; describir sin describir. </p>
<p>“De repente, la pantalla deja de iluminarle la cara.”  Bien, bien. Lo importante, en el contexto en la que está la línea, es la cara de él. La pantalla pudo apagarse, simplemente. Pero no, utilizaste el que se apagara para centrar el foco de atención del lector en la cara del oficinista.</p>
<p> Esos detalles forkianos&#8230; sin dudas, el mejor de todos: los sifones y las tortas. Los payasos: se tiran tortas entre ellos, se mojan con la soda de los sifones&#8230; número habitual de circo. ¡Claro que el padre vende sifones! ¡Claro que siempre se necesitan tortas! Artículos de consumo diario, en una sociedad bufónica&#8230;  Me pregunto, así al pasar, ¿cómo se te ocurren estas ideas, compañero? No, no es necesario que contestes&#8230; es una pregunta retórica, claro está.</p>
<p>Otro sí: el primer párrafo marca la sociedad bufónica al describir “la casa” donde viven; y  de lo que habla es de payasos pobres, de circo pobre, ése que recorre pueblito tras pueblito. <br />El último, la marca a esta sociedad en dos detalles que pueden parecer nimios, pero no lo son: los cordones de los zapatones, y la pintura corrida en la cara. Hay una profunda tristeza, una profunda derrota, en esos zapatones con cordones a anudar y en la pintura corrida por las lágrimas, en la cara de un niño.</p>
<p>En síntesis: aplausos, y de pie.</p>
<p>Y un abrazo, claro está<br />Esther</p>
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