Candilíneo

  1. Hola, Agustín

    Me impresionó “la vuelta de tuerca” a la historia del pasajero que queda varado en un pueblo casi fantasmagórico, en el medio de la nada. Sólo un viejo que cuenta, nada más. El viejo puede ser un demente que inventa, claro que sí. O no serlo. Si no lo es, asoman las preguntas de ¿y qué pasó con los tantos niños que? ¿con la inestabilidad del invento? Suficiente para volverlo loco. Y deshabitar el pueblo.

    A él, y a su halo rojo. Muy buen final, Agustín.
    Un abrazo,
    Sandy


    Sandy — August 24, 2007 @ 4:37 am